
No era un perro apagafuegos, qué va. El bombero venía a cazar y traía en su coche al Ñuki, siempre a su lado porque estaba enchufado. Bien tieso el perrucho, le preguntábamos al bombero que si le daba los intermitentes. Pero no, más bien creo que era el perro el que conducía y traía al bombero al monte.
Un maestro el bombero. Cuando le conocí, con su cachaba, sus guindillas que no se las saltaba un torero, en conciliábulo con los otros jefes para decidir la estrategia, me ponía a su vera, le seguía y le preguntaba qué era lo que veíamos, lo que pisábamos. Me enseñó a distinguir las huellas de los animales, y sus mierdas, pues no es lo mismo la mierda del lobo que la del corzo. Aprendí lo de las hozadas, lo de las señales que dejan los jabalíes en los árboles al restregarse, aprendí a ver los senderos de los bichos, gracias a él aprendí varios trucos válidos para la caza.
El Ñuki era listo. Nos sentábamos alrededor de la hoguera y merodeaba por detrás, y cuando veía una presa se lanzaba y la devoraba. Su presa era la comida del despistado que abría la tartera y dejaba filetes empanados o tortillas a su alcance. Cuando la víctima se daba cuenta de que se había quedado sin comida, los juramentos se oían en todo el monte. Pero el Ñuki ya había comido y el bombero se moría de risa a costa del incauto.
El Ñuki murió hace años y el bombero se jubiló. Ha engordado y nos recuerda con nostalgia, la misma que sentimos por él, por sus enseñanzas, por aquel Suzuki de ballestas que llegaba a 90 por hora cuesta abajo y con viento de cola, pero que subía al monte ligero como una ardilla. Pero éramos jóvenes. Y quienes entonces eran chavales traen ahora a sus hijos y les enseñan lo mismo, a distinguir huellas, a huir de las borracherías de los fines de semana, a respetar el monte, a fomentar el compañerismo. Para ellos el bombero es un mito, y tenemos perros listos y fieles, pero ninguno será como el Ñuki, el devorador de filetes ajenos. Ya no se oye en el monte tu grito preferido: “Inútiles, que sois unos inútiles”. Un saludo, amigo Garachana. Facultad de Medicina. Diario de Burgos. 30.9.08.