
Es lo mismo, y lo único que cambia es el sitio donde se comen: si es en Castilla será una tapa y si es en Euskadi será un pintxo, pero como lo que se come es lo mismo, pues es lo mismo. Un huevo cocido será un huevo cocido aquí y en Guatemala, y un huevo sin cocer también ¿será por huevos? Los que entienden dicen que la tapa tiene su origen en la costumbre de los taberneros antiguos de tapar el vaso de vino para que no entrasen moscas, lo que acontecía en toda Iberia. Con lo que se acredita que los taberneros eran bastante guarretes desde el momento en que permitían la presencia de moscas en sus establecimientos. Hoy la tapa se sirve aparte, pagándola, pues a ver quién la sirve gratis cuando se puede cobrar, y bastante, por ella. Incluso hay tabernas en las que se anuncian las tapas a la entrada para que pique el personal.
Hay una diferencia entre las tapas y los pintxos, y es una cuestión de higiene. Los taberneros castellanos fomentan la guarrería del humo, pero las tapas aparecen detrás de vitrinas o mostradores. Se ven, se aprecian, se distingue perfectamente su atractivo y contenido. Mientras que en Euskadi, además de la guarrería del tabaco, tienen la de colocar sus estimados pintxos en la barra sin protección alguna. Reconozco que son una maravilla para la vista. Entra uno, pide una caña, un chiquito o un zurito y coge directamente el pintxo que le apetece. Pero la ausencia de protección implica que quien esté delante, charlando (y mira que gritan los condenados), al hablar está echando sus miasmas encima de los pintxos, con lo que esos apetitosos bocados los contamina cualquiera que esté encima de ellos, incluídos enfermos contagiosos, y conste que no quiero asustar.
El alcalde de Donostia (que de tonto no tiene un pelo) plantó cara a los bareros y les pidió que cubriesen sus creaciones tras unas mamparas, como se hace en Castilla. Pero perdió la batalla. Los pintxos son una maravilla culinaria, pero siguen siendo una guarrería. Por cierto, los mejores de Donostia están en Gros y en el Antiguo, pero sin protección. Lo de la parte vieja, como en casi todas las ciudades, es un camelo carero. Otro día hablaremos de nuestros mercados, sí, los nuestros, pues tampoco se entiende bien que unos productos (carnes y embutidos) estén protegidos y otros (frutas y pescados) no. Que alguien lo explique, si puede. Diario de Burgos. 29.1.08